20 de enero de 2015


No aspiro a grandes cosas en la vida, sólo a las pequeñas que me llenen de paz. No tengo ambiciones materiales, sólo las justas para vivir dignamente. No me interesa tener un millón de amigos, sino que los pocos sean tan buenos y leales como yo lo soy con ellos. No quiero vivir mil años, sólo los justos para dejar buenas huellas.
Sí quiero seguir siendo honesta, no busco escalar pisando cabezas, pienso seguir manteniendo mi esencia, que un tiempo de necesidad no me vuelva tan indecente que pierda la credibilidad que con honestidad he ganado. Valoro de mi vida la conducta que mantuve, las cosas que tengo y puedo tener a nombre mío… ¿Cómo se llama? ¡Honestidad! No tengo que mentir, no necesito esconder nada, mis hijos están conmigo y tanto su padre como yo nos hacemos cargo de ellos… Una conciencia tranquila no necesita ser lavada cada mañana, sólo la gracia la sigue manteniendo así, me basta la gracia de Dios.
Concluyo: vivir dignamente no es vivir aceleradamente, ambiciosamente, desesperadamente… ¡Qué corta es la vida, por Dios! Quiero disfrutarla y vivir en paz, ya en paz, junto a mis hijos, y Cande por siempre a fuego en el corazón…

17 de enero de 2015


Hoy sólo tengo el hoy. Me pregunto cómo llegué hasta aquí… ¡Cuánto hubiera deseado cambiar lugares!, pero sé que Dios sabe todas las cosas; por momentos río, por momentos no tanto, pienso -sólo al mirar a mi lado y ver a mis hijos, ellos, la razón de vivir- ¡cómo da tantas vueltas la vida! ¡Cómo permanece aún intacta la esencia de lo que uno siente, piensa y vive! ¡Qué podría dejarle a ellos más que el más puro deseo de haber querido ahorrarles cada segundo de sufrimiento, de soledad, de indiferencia, de necesidad, de injusticia, de dolor disfrazado de tantas cosas!
Cuando eran chiquitos solían pelear por esas cosas que pelean los chicos: “porqué a él, porqué a mí no…” (o viceversa), “porqué los amiguitos…, porqué, porqué…” Cosas de chicos… Recuerdo esas tardes y mañanas de chocolatadas y tostadas con manteca y dulce, con largas charlas en las que solía decirles siempre que la gente que pasaba por sus vidas estaba casi siempre de paso: amigos, conocidos, compañeros de escuela, incluso parientes que ayer estaban, mañana no están más. Les expliqué, les advertí, pero la realidad se vive mucho más fuerte cuando todos se van… Les explicaba que ellos eran un pedacito de cada uno, de Karen, de David, de Cande, y aunque no estemos juntos bajo el mismo techo también de papá, y de mamá, aun hasta la sangre, porque salieron de mí. Y les decía que cuando todos los dejaran, siempre -pero siempre- íbamos a estar para ayudarnos y socorrernos, siempre… Esas enseñanzas chiquitas y profundas, quizás llenas de experiencia, sé que no son de las que se olvidan, somos la mitad el uno del otro, “la mitad de otra mitad”. Duele verlos sufrir sus soledades, me duele ver que sean víctimas del olvido de los que decían amarlos; sus fechas especiales lo son sólo para nosotros, los gestos especiales ya no son para ellos después de tanto…
Sé que el camino de restauración es duro, como mamá me enoja, pero como también les enseñé, a los que dijeron estar cerca no podés obligarlos a que te quieran, no tienen la capacidad de entender ni de sentarse en tu silla, porque es tuya.
Entiendo que todo lo que les haga daño tengo que erradicarlo de sus vidas, lo que sea, aunque sea injusto, aunque duela, porque ellos merecen vivir en paz, como yo. Hay cosas que son cruelmente incomprensibles y ausencias que son absolutamente necesarias, y este año de decisiones fuertes voy a seguir bregando por lo mejor para ellos. Karen Montangie y David Montangie: mamá los ama con la vida, y voy a luchar por su felicidad desde donde sea, por siempre…

13 de enero de 2015


Pasaron las fiestas navideñas, pasaron los regalos, las cenas, las reuniones familiares, esas fechas en las que se notan esas “sillas vacías” que en mi mesa son tantas, y llenas tan pocas…, mis hijos y yo, nadie más.
Sé -por el cariño y preocupación que me fueron manifestando muchos que se interesan- que quieren saber cómo sigue esta historia. La verdad es que no pude escribir antes, mis dedos no coordinaban con el teclado, las lágrimas y mis pensamientos se nublan con mis sentimientos, sentimientos “frescos” aún, que intento doblegar para mantenerme en pie como ella lo hizo, hasta el fin. Aún me sorprenden sus demostraciones de cariño, las llamadas, los toques, mensajes… Pude hablar con algunas de las tantas personas que vivieron todo este proceso haciéndolo parte de sus vidas, que hacían fuerza desde sus casas y a cuyos corazones Cande entró sin pedir permiso. Ella, siempre ella… ¿Qué puedo decir?, es tan difícil la vida sin ella, muy difícil, aunque en mi corazón abrigo la sensación más grande de paz por saber que fue muy feliz en medio de todo, y que se hizo todo lo humanamente posible, que Dios la sostuvo al igual que a mí y a mis hijos, aunque esto sea incomprensible para muchos, así como admito que lo es también para mí… Soñé que su lucha tendría otro final, soñé con verla vencer cada vez mas obstáculos, verla siempre avanzar como lo hacía, mi milagrito chiquito, mi lucecita dulce y cariñosa… Aún conservo la sensación de sus manitos en mi cara, sus besos, el timbre de su voz…, dos años de lucha fueron tanto, tanto, pero supe que no bajaría los brazos fuera cual fuera su diagnóstico, y al llegar el final sólo sabría que sería lo mejor. Le doy gracias a Dios por haberla tenido, aunque tuve que soltarla y verla volar para nunca más volver.
¿La vida? Siempre continúo, nunca me espero, ni a mí, ni a ella, ni a mis hijos. Esa rueda que es la vida gira, y lo que intento hoy es reincorporarme a ella, y no es tan fácil; el proceso, el duelo, la adaptación por momentos larga, pero sé que no es imposible, cosas como ésta cambian la visión de todo, cosas como ésta zarandean las “amistades”, los “espirituales”, los que te dicen que te aman…, cosas como ésta traen un “después” que en muchas ocasiones acrecienta el dolor… Este año que pasó me dejó experiencias buenas y otras muy penosas, muchos desengaños, mucha soledad, muchos golpes, caídas y levantares continuos, decisiones drásticas y necesarias que si se entienden o no, Dios es quien juzga. Él nunca me soltó, nunca me dio la espalda, nunca… Él es mi refugio y mi consuelo, mi fuerza y mi sonrisa en medio de tanto… Este año que inicia viene repleto de muchas más decisiones, también proyectos, sueños por cumplir y luchas en batallas por conquistar. Dios sanará mi tierra, mi corazón, el de mis hijos… Cande es la lucecita que brilla desde el cielo y desde el corazón por siempre, mi nena de las mil sonrisas, mi luchadora permanente, mi leona chiquitita… Mami te susurró al oído que fueras, que iba a estar bien, me cuesta un poco hijita, pero mami no miente… Hasta donde Dios me quiera llevar amor, hasta donde Él quiera… juntas siempre.

16 de diciembre de 2014


¡Gracias! Gracias infinitas a tanto cariño demostrado… Esta frase se vuelve reiterativa, pero nunca pierde el significado, siempre sigue intacto el cariño de ustedes y mi respeto hacia el mismo. ¡Sólo gracias por su preocupación!
Sé que muchos quieren saber cómo sigue mi vida, nuestra vida, esta vida, después de tanto… Casi no uso mi página de Facebook, este lugar es “sagrado” para mí, se movilizan muchas cosas desde acá, es todo Cande, inevitablemente… Es poco el tiempo transcurrido, para nosotros lo es, pues un duelo por una pérdida que conllevó toda esta lucha tan larga no se diluye en tan poco tiempo; un año y dos meses no es nada, pues los duelos suelen durar hasta tres años. Hay fechas, estaciones del año, situaciones que hacen que la herida un poquitito vuelva a doler, casi a sangrar, hay circunstancias de la vida que desencadenan cosas inesperadas para muchos pero inevitables para uno, el que realmente las vive, como mi divorcio… Mis hijos Karen y David, que son mi vida, como familia son todo lo que tengo, algunas amistades -muy pocas por cierto- que permanecieron antes, durante y después, y una tía del alma a la cual el corazón nos une con un lazo mucho más fuerte que el de la sangre. Después, siempre aparece esa gente “de paso”, gente que dice querer ayudar, pero su fin no termina siendo más que acrecentar las cargas. Uno aprende mucho de los golpes y de tratar con tanta gente, pero aún sabiendo, y teniendo el corazón tan machucado, intentando pensar como Dios piensa, siempre vuelvo a creer y así es como me suelo equivocar.
Este año me deja grandes enseñanzas, cuando necesité (porque pasamos necesidad) gente de muy lejos -y aunque no quieran tengo que decirlo-, de Coronel Dorrego, se tomó la molestia de juntarse y traer mercadería hasta la puerta de mi casa, compartir unos mates y un corazón 100% desinteresado. ¡A ellos mil gracias! También hubo gente de Buenos Aires, ¡saben quiénes son! Estuvieron también ahí amigas, y apoyando hasta mi trabajo mis compañeros de academia de baile… Hubo casos en los que también me ayudaron, pero no dejaron de recordármelo; hay frases que como un déjà vu vuelven a golpear duro, porque cuando alguien te da una mano no esperás que te diga: “Mirá un poquito atrás y acordate cuando viniste muerta de hambre” Realmente, cuando uno pone todo sobre la mesa sincerándose, jamás espera que tales frases lleguen a caer sobre uno.
Mi situación económica, como la de muchos, es difícil; mi trabajo está en todo lo que muestro en Las Candelas Accesorios, y de allí espero resolver y proveer todo lo que me corresponde darle a mis hijos y vivir yo.
Como siempre, sólo les pido sus oraciones y su apoyo en cuanto a la difusión a mi trabajo. Lo que hago hoy en tratamientos corporales y faciales, gracias a gente que me ayudó a lograrlo, lo hago yo; me generó una deuda pronta a resolver, una deuda que la vorágine del sistema de trabajo que ellos tienen me proporcionó como cobranza al favor de darme trabajo. Pero le doy gracias a Dios que no me suelta la mano, y a ustedes por el apoyo y cariño. Como siempre, todo mi respeto… ¡Gracias infinitas!

5 de diciembre de 2014


PERDÓN…
Por ser humana, tan humana… Siento que por serlo tengo que pedir perdón, por sentir como siento, sufrir, caer, llorar, también por reír, por no vivir lo que siento como algunos esperaban… Estigmatizada, así me siento, por las marcas de la vida que no perdonan, y cuanto más intento salir tanto más humana soy. Mucho duele este cuerpo, pero aún vivo, aún el corazón late en mi pecho, y aún guarda la esencia intacta. El golpe que me noqueó aún lo sigo sintiendo, pero mientras sigo tambaleante sé muy bien lo que quiero: seguir con mis hijos hasta donde Dios diga que debo hacerlo. Humanamente mil cosas son las que no entiendo, miles más me defraudan, otras más me confunden, pero no me rindo un momento aunque cueste… Soy tan humana que me detengo, la marcha se enlentece pero nunca se detiene; soy tan humana que cuando río, bailo, canto o juego siento que nadie entiende cómo es que puedo, pero lo disfruto, lo hacía con ella y hoy lo hago porque me lo debo…
Aun siendo así, tan humana, siento la compañía de mi Dios cerca, muy cerca; la conozco, es inconfundible, siento su mano sobre mi hombro… Él es fiel, no me mira como el resto, así que prosigo, enredada en mil notas musicales, los pies en la tierra y los ojos en el cielo… Y repito, perdón por esto…

26 de noviembre de 2014


Sólo quiero despertar de este mal sueño… No sé por momentos cuál es la realidad, cuál el sueño…
Fuiste mi estrella fugaz, Cande, ¡fuiste tan real! Dejaste tantas huellas con tu lucha, que impulsó la mía…
Dios, que es fiel, no me suelta, Él está conmigo como siempre, Él es el único que puede restaurar mi alma y llenarla de su paz…

4 de noviembre de 2014


Las catástrofes naturales a mí particularmente me asustan porque me invade la sensación de ver la misma mano de Dios en algo irrefrenable, parece furia misma desatada dejando despojos, ruinas, muerte, desolación… Y en realidad es la misma sensación que se siente cuando uno pasa por situaciones muy fuertes, después de largas luchas, de pérdidas irreparables: ruinas, el suelo arruinado a la simple vista…
Pero si algo aprendemos de esas lecciones prácticas que Dios nos da sin hablarnos es que siempre, SIEMPRE vuelve a salir el sol, la tierra se comienza a secar, las plantas vuelven a florecer, se hace paz… Esto lleva un proceso más largo del que uno quisiera, pero es una fe, una esperanza y una certeza. Sólo hay que lograr esperar sin perder el objetivo de vista: la tierra, tu tierra , mi tierra… No será la misma, el paisaje será diferente, pero no importa cómo lo vean los demás, sólo el creer en el Dios que hace sendas donde no las hay es lo que definitivamente hará restaurar y renovar esta tierra…
Allá vamos, hasta donde Él quiera…
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